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Poca audiencia, poco nivel, Copa Oro y Mundial de Clubes de mala calidad
La Copa Oro, que reúne a las selecciones nacionales de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, ha tenido cifras de asistencia irregulares.
El verano de 2025 se ha convertido en un verdadero termómetro para medir la popularidad y el alcance del fútbol en Estados Unidos. Coinciden en el calendario dos eventos de gran envergadura: la Copa Oro de la Concacaf y la esperada edición expandida del Mundial de Clubes de la FIFA. Ambos torneos han generado atención internacional, pero los resultados en cuanto a asistencia y ambiente en los estadios han sido mixtos y ofrecen muchas lecturas interesantes.
Por un lado, la Copa Oro, que reúne a las selecciones nacionales de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, ha tenido cifras de asistencia irregulares. Si bien algunos partidos han logrado buenas entradas, sobre todo los que involucran a México o selecciones centroamericanas con nutridas comunidades en Estados Unidos, otros encuentros han evidenciado la falta de interés en ciertos mercados. El partido inaugural de la selección estadounidense, por ejemplo, apenas superó los 12 mil aficionados en un estadio con capacidad para más del doble, a pesar de la contundente victoria local. Esto refleja que, aunque el fútbol ha crecido, todavía hay trabajo por hacer para consolidar un seguimiento masivo, especialmente para los partidos de menor atractivo.
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En contraste, el Mundial de Clubes ha tenido un impacto desigual pero, en general, ha logrado atraer mayor atención mediática y mejores cifras de asistencia, sobre todo en los partidos que involucran a equipos de renombre y a hinchadas apasionadas. Con 32 equipos de todo el mundo compitiendo en 12 sedes estadounidenses, este torneo representa un ensayo general para el Mundial de 2026. Sin embargo, no todos los partidos han sido un éxito. Algunos juegos de fase de grupos entre equipos menos conocidos se han jugado ante estadios semivacíos, con cifras por debajo de los cinco mil espectadores, algo que ha generado críticas y preocupación entre los organizadores.
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Donde sí se ha visto una verdadera fiesta futbolera es en los encuentros protagonizados por equipos sudamericanos, como Boca Juniors, cuyos seguidores tiñeron de azul y amarillo el estadio en Miami, generando una de las atmósferas más vibrantes del torneo. Lo mismo ha ocurrido con aficionados de Al Hilal de Arabia Saudita y de otros clubes con hinchadas leales y dispuestas a viajar.
Este doble torneo ha dejado claro que, si bien Estados Unidos cuenta con la infraestructura y la organización para grandes eventos, el reto sigue siendo generar un verdadero vínculo emocional con el público local y aprovechar la fuerza de las comunidades de inmigrantes para crear ambientes auténticamente futboleros. Los organizadores deberán tomar nota de estas lecciones de cara a 2026, cuando el mundo del fútbol regrese con la Copa Mundial.